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La vergüenza no cura. Aceptar para sanar.

Según el informe de 2022 del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, en 2020 se produjeron más de 4.600 urgencias hospitalarias relacionadas con el consumo de drogas y más de 58.500 admisiones a tratamiento por abuso o dependencia de sustancias psicoactivas, incluyendo alcohol.

Cuestión de probabilidad

Las probabilidades de que en nuestro círculo de afectos exista una persona con adicción son altas; sin embargo, se suele pensar la adicción como cosa de desesperados, desadaptados sociales, algo que está lejos de nuestra familia y de nuestros amigos. La realidad es que una adicción que persiste en el tiempo puede convertir a las personas que amamos en ese estereotipo del adicto que se ha perpetuado a través de los años.

Pero ninguna adicción escala de 0 a 100 en dos días. La mayoría de las adicciones, las que son más difíciles de identificar y aceptar, empiezan poco a poco, con pequeños cambios de hábitos, y se van asentando y cronificando a lo largo de los años hasta llegar a perjudicar el bienestar general de quien la sufre y de quienes le rodean.

La misma encuesta citada arriba indica que la edad media de inicio de consumo de sustancias psicoactivas en estudiantes de secundaria de entre 14 y 18 años está entre los 13 y los 15 años. De los menores encuestados, más del 50% había consumido alcohol en los últimos 30 días. Por otro lado, según el Informe Nacional EDADES 2022 (Encuesta sobre Alcohol y Otras Drogas en España), más del 30% de la población consume tabaco a diario, mientras que casi el 65% declara haber consumido alcohol durante el último mes. Ambos datos son superiores a los del informe anterior; es decir, que existe un aumento en el consumo.

El confín entre la diversión y la adicción

Una de las dificultades para identificar y aceptar que un ser querido sufre de adicción es, precisamente, el crecimiento progresivo, la manera en la que el hábito (muchas veces legal) se va instaurando en la vida cotidiana, ocupando cada vez más espacios que antes estaban reservados a otras cosas.

Especialmente cuando hablamos de drogas legales, como el alcohol y el tabaco, resulta complicado diferenciar cuándo estamos ante un comportamiento recreativo relativamente inofensivo para la calidad de vida de quien lo practica y cuándo nos encontramos frente a un hábito nocivo y degenerativo. Consideramos que estamos ante una adicción cuando la persona no es capaz de conducir una vida normal y sufre consecuencias en su salud física y mental.

Lo que no se nombra no existe

Aceptar la existencia de un problema de adicción no solo es difícil para quien lo sufre en primera persona, sino para quienes se encuentran en su círculo más cercano. Con frecuencia evitamos utilizar palabras cargadas de demasiado peso social y emocional como una manera de proteger a quienes amamos.

Aquello que duele y preocupa es difícil de nombrar, pero la evasión no se traduce en la desaparición del problema (y ciertamente no en la recuperación espontánea), sino en la cronificación de una condición que podría ser pasajera y que, hoy más que nunca, puede y debe tratarse. Por eso, por doloroso que sea, es necesario pronunciar las sílabas que dan tanto miedo: a-dic-ción.

La palabra adicto, además de generar miedopreocupación desesperanza, puede producir vergüenza. Sin embargo, aceptarla dentro del discurso familiar es el primer paso para conseguir sanar.

Destruir el tabú

La adicción es una enfermedad y, como enfermo, un adicto debe ser tratado, no estigmatizado. Esto es lo primero que la familia debe comprender y aceptar para confrontar y acompañar al adicto en su proceso de recuperación. Es importante que durante el proceso de rehabilitación los esfuerzos de paciente y familia estén completamente enfocados en la recuperación. Permanecer anclados al tabú y a las preocupaciones sociales externas que este puede generar— podría conducir a graves errores en el camino a la recuperación de la salud.

La importancia de la superación del tabú es urgente: la familia es un elemento fundamental para la recuperación y para la prevención de recaídas del adicto.

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