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Convivir con un adicto: un infierno del que hay salida

Cuando se tiene la mala suerte de convivir con una persona adicta, la vida puede llegar a convertirse en un auténtico infierno. El adicto no suele tener consideración con quien vive con él, ya que está encerrado en su mundo y no percibe las cosas que están mal. Un adicto, por definición, se centra en sí mismo y no es capaz de empatizar con las personas de su entorno.

Podríamos pensar que hay varios niveles de adicción, pero cuando una persona queda atrapada en esa espiral de autodestrucción, los pasos que da le conducen hasta esa situación en que solo piensa en sí mismo y olvida a los demás.

Una persona que convive con un adicto, puede ser un hermano, una pareja, un padre o madre o un hijo, necesita saber que esa persona a quien quiere no va a acabar mal por su adicción. Normalmente, se preocupa e intenta ayudarle para hacer que abandone las conductas adictivas que le mantienen alejado del núcleo familiar.

Ante la presencia de un problema de adicciones, información y ayuda externa

Normalmente, es imposible que la persona reaccione, así que se puede sentir cada vez más desesperada y desanimada. Por suerte, existen métodos y ayudas para conseguir que el adicto reaccione y comience con un tratamiento que le ayude a recuperarse.

Los profesionales especializados en conductas adictivas pueden ayudar a que la persona afectada por este grave problema pueda ser consciente de que lo que le ocurre no es normal ni natural. Que se trata de una enfermedad que está minando no solo su salud, algo importante, sino que también actúa contra la familia, creando una situación de ruptura que puede desencadenar mayores problemas.

Los tratamientos de desintoxicación conllevan también un plan de concienciación para el adicto, creando en él la necesidad de librarse del problema y afrontar con fuerza y optimismo todo el proceso.

Convivir con un adicto es una experiencia terrible, pero se puede conseguir ayudar al enfermo, con ayuda y siempre, pensando en soluciones, no en culpabilizar a una persona que, al fin y al cabo, está enfermo. Trabajando juntos, hay solución.

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